Ya sabemos que los griegos tenían la manía de filosofar sobre casi todo. No es extraño, entonces, que la felicidad ocupara un lugar importante en sus cavilaciones, dado que, como sostenía Aristóteles "todos los hombres aspiran a la felicidad".
Eudemonismo (de eudaimonia, dicha) define a las doctrinas filosóficas que sostiene que la felicidad es el fin último de todas las acciones humanas. El problema, ya planteado por las escuelas clásicas, es determinar qué entiende cada uno por felicidad.
El propio Aristóteles señalaba que un día feliz no hace que podamos llamar feliz a un hombre. De ahí que la felicidad no pueda ser solo un estado emocional, un placer puntual, una habilidad técnica o un bienestar pasajero. Tampoco es un premio o un regalo (como sugería Platón, que utilizaba el término makairos en lugar de e(eudaimonia), sino que sino que se va logrando a lo largo de una vida digna y plena, es decir, virtuosa.
Los latinos también aportaron lo suyo a la confusión. Mientras que "felicitas" alude al concepto de fertilidad, fecundidad, prosperidad terrenal, "beatitudo" define a los bienes morales acumulados a lo largo de la vida, una vez eliminados todos sus males, es decir, habla de la perfección de la naturaleza humana.
Por lo tanto, ya podemos ir perfilando de qué va la cosa. Habría una "felicidad en el placer" contrapuesta a una "felicidad en la virtud".
El placer como fuente de felicidad"El placer perfecciona la actividad, y por tanto también el vivir, que es lo que todos desean. Es razonable, pues, aspirar también al placer, pues completa nuestra vida, que es deseable por sí misma" (Aristóteles, Etica a Nicómaco)
Para Epicuro, la finalidad de la ética no es otra que la de buscar aquellas cosas que producen placer y evitar aquellas que conducen al dolor, porque el placer (hedoné) es el principio y fin (télos) de una vida feliz. De este modo, la felicidad sólo se logra mediante una economía de esfuerzos que, por un lado, consiga sobreponerse a las cosas (al dolor, por ejemplo) y obtener el autocontrol. Dicho de otra manera: el epicureísmo no propone "living la vida loca", sino manejar nuestras pasiones de modo tal de llegar a un equilibrio, a una moderación:
"Ni banquetes ni orgías constantes engendran una vida feliz, sino un cálculo prudente que investigue las causas de toda elección y rechazo" (Epicuro, Carta a Meneceo)
Los utilitaristas del siglo XIX, con Jeremy Bentham a la cabeza, retomaron estas ideas:
"La naturaleza ha puesto al hombre bajo el imperio del placer y del dolor, a ellos debemos todas nuestras ideas... El que pretende sustraerse a esta sujeción no sabe lo que dice... El principio de utilidad lo subordina todo a estos dos móviles. Utilidad es un término abstracto que expresa la propiedad o la tendencia de una cosa a preservar de algún mal o procurar algún bien: mal es pena, dolor, o causa de dolor; bien es placer o causa de placer."
Esto implicaría que el único criterio racional y consistente que tenemos para guiar la acción es la evaluación de las consecuencias placenteras y dolorosas, tanto a nivel individual como colectivo. Muchas críticas han recibido los utilitaristas, dado que reduce la noción de felicidad al bienestar y, además, cuando se aplica a las sociedades, siempre toma en cuenta el bienestar de las mayorías, en desmedro de las minorías que pretendan "otro tipo de bienestar". Este concepto de felicidad tiene más que ver con el querer, con el deseo (para ser feliz, alcanzaría con tener lo que deseamos) que con una proyección más trascendente del ser humano.
La felicidad en la virtudLos estoicos, esos filósofos griegos y latinos sufridos que dedicaban su vida a la búsqueda de la verdad, o por lo menos, de una imagen de la verdad, hallaban la felicidad en la virtud. Marco Aurelio definía a un hombre sabio y feliz como una roca inalterable contra la que se estrellan las olas del mar.
De esta manera, más que intentar ser feliz, lo que el hombre debe hacer es ejercitar la virtud, ser sabio y hacer aquello que es propio a su auténtica naturaleza. Si así actúa, se hará merecedor de la felicidad. No elegían el camino más sencillo, eso está claro...
Ahora, ¿cuál era esa famosa virtud propia de la naturaleza humana? El ejercicio de la razón. La naturaleza del hombre es ser racional y esta es una condición universal que todos poseemos, sin privilegios de clases. Este concepto estoico es la base de la igualdad y significa un avance importantísimo en la historia del pensamiento. Por otra parte, introduce la idea de la libertad interior, más allá del entorno socio-político al que estemos sometidos.
Para el ideal estoico, el camino de la felicidad es individual y, por tanto, un camino que cada uno debe realizar en solitario buscando la independencia de todo condicionamiento exterior. Es el camino del gobierno de uno mismo. Es una sabiduría práctica, basada en la prudencia, que aspira a la serenidad del espíritu, más allá de cualquier circunstancia interna (afectos o pasiones) o externa (sociedad o destino)
Este planteo será retomado por los humanistas del Renacimiento y por los filósofos de la Ilustración, a tal punto que se llega a establecer la felicidad como un derecho establecido (incluso figura como derecho inalienable en el acta de la Independencia de los Estados Unidos)
Immanuel Kant, el padre del racionalismo, dice que es muy difícil establecer un concepto único de felicidad, dado que no es un ideal de la razón, sino de la imaginación, pero reconoce que es imprescindible una felicidad mínima para no quebrantar los principios morales. Esto es: un hombre insatisfecho, que se ve apremiado por las necesidades, es víctima fácil de la tentación de infringir sus deberes. Por eso, sólo desde la perspectiva de la libertad, la razón puede exigir a todos los individuos, por el camino que en cada caso sea posible, un comportamiento mediante el que se realice la armonía global.
La felicidad en la perfección humanaY llegó la psicología humanista para decirnos que la felicidad es la autorrealización (Maslow) Que es, más o menos, lo que Aristóteles o Santo Tomás de Aquino definían como perfección.
Autorrealizarse es, a grandes rasgos, apropiarse de las posibilidades que nos ofrece la vida, de acuerdo con nuestro leal saber y entender. Es un ejercicio contínuo de nuestro ser.
Entendiendo que habemos de transitar por el dolor y el gozo, la memoria de los momentos felices (gozo memorante) neutralizará los efectos del dolor (secuestro del dolor), sin suprimirlo, pero dándonos fuerzas para seguir adelante. No se trata de una postura conformista y blanda, sino de tener serenidad ante la adversidad y un espíritu batallador ante la miseria y el sufrimiento.
Si la felicidad es un don, también es un trabajo, si la felicidad es un descubrimiento, también es una conquista. Tiene que haber una predisposición, una voluntad de ser felices, para la autorrealización compartida con quienes nos rodean en el mundo.
ConclusiónAlgunos filósofos se han quedado con las ganas de opinar y me amenazan con hacer un piquete, así que aquí van algunos de sus pensamientos acerca de la felicidad:
Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una (Voltaire)
La puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla: si uno la empuja, la cierra cada vez más (Sören Kierkegaard)
Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace (Jean-Paul Sartre)
Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias (John Locke)
La felicidad consiste, principalmente, en conformarse con la suerte; es querer ser lo que uno es (Erasmo de Rotterdam)
Pregúntate si eres feliz y dejarás de serlo (John Stuart Mills)