lunes, 26 de abril de 2010

La piedra del escándalo

Dime quién te lee y te diré qué escribes... algo parecido (pero mejor expresado) pensaba André Gide cuando dijo "Ante ciertos libros, uno se pregunta: ¿quién los leerá? Y ante ciertas personas uno se pregunta: ¿qué leerán? Y al fin, libros y personas se encuentran." Hago esta disgresión para dejar en claro que tuve un prejuicio desfavorable hacia Michael Onfray desde que escuché el encendido elogio de una persona de cuya capacidad para el pensamiento crítico dudo mucho. Son de esas recomendaciones en contra: una ya se acerca con desconfianza, aunque con la secreta esperanza de estar equivocada, porque siempre es más grato encontrar algo bueno que confirmar la mala espina.

Siendo atea no comparto la concepción ateológica de Onfray, por demás virulenta y simplista. Este integrismo ateo no se diferencia de los fanatismos religiosos en cuanto a la falta de tolerancia por la libertad de creencias. Abjura de un mecanismo de construcción mítica que ha sido estudiado por la antropología y la sociología hasta el hartazgo, desde Levi-Strauss para acá. No propone una instancia superadora al vacío existencial que provoca la muerte de dios y la negación de la vida ultraterrena, porque lo limita al placer momentáneo, fórmula que está visto no conforma a los millones de creyentes que prefieren apostar a distintos paraísos. En fin, parece más un berrinche adolescente que una teoría filosófica. Se enoja con las religiones y con sus adeptos, que no reparan de que se trata de cuentos chinos para fomentar una estructura de poder. ¿Habrá leído a Kierkegaard este buen hombre?

Siendo de izquierda, observo en Onfray una apología del individualismo, más cercano al pensamiento liberal que al marxismo. Su rescate del hedonismo, en su culto al cuerpo y al erotismo, a la estética, me recuerda a una publicidad de un auto caro. El aclara convenientemente que no se trata de un elogio del consumismo, pero en mi humilde opinión dista bastante de la ética estoica inmanente en las ideologías revolucionarias.

Es una filosofía hecha a medida para los burgueses que se creen progresistas, sin las contradicciones de la fe, sin la culpa del placer en medio de la miseria ajena, sin preocupación por el presente ni responsabilidad en la construcción del futuro.

Dicho esto, paso al nuevo escándalo Onfray. Resulta que publicó un nuevo libro "El crepúsculo de un ídolo, la fábula freudiana", en el cual compara el psicoanálisis con la religión y en el que le adjudica la misma capacidad de curar que la homeopatía, la radioestesia o la imposición de manos. Nuevamente las críticas arrecian, sobre todo porque le achacan errores y falsedades para sustentar su tesis (lo mismo sucedió con el "Tratado de Ateología")

Onfray sostiene que Sigmund Freud generó todo un sistema basado en sus propios instintos y necesidades fisiológicas y les otorgó carácter universal y que los casos que presenta en sus libros fueron adulterados para demostrar el resultado de la terapia. Si esto es cuestionable, más lo es la acusación de simpatizar con el fascismo que le endilga más adelante.

No voy a debatir sobre la validez del psicoanálisis como método curativo. Si voy a reivindicar nuevamente la enorme contribución de Freud al conocimiento del individuo y al estudio del comportamiento social, con sus ensayos "El porvenir de una ilusión" y "El malestar de la cultura", de notable vigencia.

Me quedan unas dudas finales. ¿Qué es lo que le está faltando al sistema de ideas de Onfray que lo violenta tanto? ¿No habría que seguir su ejemplo y elucubrar que sufrió un desengaño místico que lo hace atacar con saña todo aquello en lo que adivina un componente mágico? Es posible que la fe, como el psicoanálisis, alivien el dolor por la sugestión de la palabra ¿eso los invalida per se? ¿Es preferible el sufrimiento a un placebo sanador? ¿Y ese fundamentalismo racionalista no lo coloca en un plano de irrealidad tan absurdo como lo que pretende combatir?

Sinceramente, no es me preocupe Onfray (que entre paréntesis factura de lo lindo con cada escándalo que arma) sino que la alternativa sean los apocalípticos de las predicciones mayas o los refutadores extremistas de esta calaña. Seguramente, el pensamiento, silencioso, ajeno a los mass-media, se está ejercitando en alguna otra parte.

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