miércoles, 3 de febrero de 2010

De bueyes perdidos

Si fuéramos lombrosianos, diríamos que el calor no favorece el desarrollo del pensamiento y aportaríamos la prueba de un sinnúmero de filósofos nacidos en tierras frías. Todo para justificar el parate del mes de enero.

Lo cierto es que de estas regiones calientes del sur surgen músicos, escritores, científicos, artistas plásticos, actores, cineastas, juristas y también pensadores, aunque la falta de una política educativa a favor de la enseñanza de la filosofía a nivel masivo conspira contra la popularidad de esta disciplina. Afortunadamente, la presencia mediática de figuras como José Pablo Feinmann ayuda a que la gente le pierda el miedo a los filósofos.

Es que pensar es un ejercicio peligroso, si lo sabrán las clases dominantes. Pensar, por ejemplo, que la catástrofe de Haití, con sus doscientas mil víctimas fatales, su más de un millón de sobrevivientes sin hogar, se podría haber morigerado con medidas preventivas, dado que es una región de actividad sísmica y que ya en 2008 se había advertido sobre un posible terremoto, nos lleva a reflexionar sobre la pobreza estructural del país más paupérrimo del continente.

Ahora hay festivales y organizaciones gubernamentales y no gubernamentales que se arrancan los pelos por Haití, el sexto país con mayor porcentaje de indigentes del planeta (un escalofriante 80%) Hubo que esperar este cataclismo para que el mundo posara sus ojos en esta isla y se conmoviera.

Habría que advertirles que en Zambia los pobres llegan al 86%. Y en la Franja de Gaza rondan el 81%. Y que Zimbabwe, Moldavia (oh, eso es Europa), Chad y Liberia igualan a Haití, mientras que en Guatemala, bien cerca de la zona de desastre, constituyen el 76% de la población. Completan este ranking de la desgracia Surinam, Angola y Mozambique con el 70%, Swazilandia con el 69%, Burundi y Sierra Leona con el 68% (que dejó de ser el más pobre) y Tayikistán (64%)

Como vemos, no todo sucede en las regiones más calientes y aunque Africa reúne la mayor cantidad de países, hay representantes de los otros continentes, tal vez esperando un huracán, maremoto, inundación, volcán en erupción o guerra que los saque del anonimato y los deposite en las primeras planas.

Un economista español de tendencia liberal me decía días pasados que lo peor que puede sucederle a estas naciones de pobreza endémica es que les llegue ayuda económica internacional, porque la corrupción inherente a sus sistemas políticos se la devora y se retroalimenta. Yo expuse que esos sistemas están sostenidos por esas mismos países ricos que luego envían la ayuda para combatir lo que ellos mismos propiciaron.

Y de repente recuerdo la película "The constant gardener" (El jardinero fiel), dirigida por Fernando Meirelles (el realizador brasileño de "La ciudad de Dios"), sobre una novela de John le Carré, en la que se expone la miseria de los laboratorios farmacéuticos, apañados por el gobierno británico y con la complicidad de los políticos kenyatas. Es una síntesis perfecta de los diabólicos mecanismos que rigen los destinos de esta pobre gente.

Las ex colonias menos favorecidas de los imperios del siglo XIX, que siguen siendo usadas como factoría de materias primas a bajo costo, no entraron al siglo XXI. En muchos casos, el factor cultural conspira contra el ingreso a la modernidad. Pero si tomamos como ejemplo a la India, un país con una estratificación social extrema y una enorme diversidad cultural y religiosa, observamos que hay alternativa posible de crecimiento.

Hay una llave que abre la puerta al cambio: la educación. Un pueblo instruido no acepta canallas que negocien su bienestar a cambio de divisa extranjera. Por eso los tiranos desprecian los libros, por eso los poderosos le temen a la filosofía. Por eso los que ejercitamos el pensamiento, aún con 38 grados de calor, debemos alertar que hay muchos Haití en potencia, que la solidaridad no se debe poner en práctica solamente en la catástrofe mediática, sino en la pequeña catástrofe cotidiana de sobrevivir al hambre.

2 comentarios:

  1. Lo peor que le estamos haciendo al tercer mundo, es que desde nuestra riqueza y gran bienestar, no les dejamos participar en nuestras hipotecas. Que injusta es la vida. Disfrutamos de la felicidad hipotecada en 40 años, y ellos ni un sólo día de ilusión hipotétic... digo hipotecada.

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  2. Aún admitiendo que puede ser que el llamado primer mundo tenga su participación en el nefasto destino de los paises más desfavorecidos, sí echo en falta, cuando se aborda este espinoso tema, una autocrítica por parte de los propios pueblo afectados, que pienso que también tienen gran parte de culpa en las condiciones de su situación, Haití incluido.
    Y siendo fundamental un análisis riguroso de las causas que influyen en estos dramas bastante extendidos, también lo es dar un paso más y no quedarse en lamentaciones y aportar soluciones factibles y realistas, cuando en ocasiones lo único que se transmiten son adjetivaciones contra los paises ricos, en argumentaciones que deberían ser más sustantivas.

    Un saludo.

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