
Hoy en día, se advierte una confusión en la opinión pública acerca del rol de la oposición en la política. Confusión que en la escena local es propiciada por ciertos grupos de poder, avalada por partidos que pretenden el poder, propalada por los medios de comunicación anti-oficialistas (ya que han cruzado la barrera de "no oficialistas") y repetida por muchos miembros de la clase media.
Es que esta oposición, que en todo gobierno democrático cumple la importantísima función de fiscalizar la tarea de los que mandan y proponer alternativas, ha devenido en maniqueísmo. O sea, todo lo que hace el gobierno es malo, porque los únicos buenos somos nosotros, ya va a ver cuando tengamos la manija.
El "me opongo porque me opongo" está a la orden del día, aunque la dicotomía tiñe la historia política argentina, desde morenistas y saavedristas, unitarios y federales, gorilas y peronistas. La aceptación de la existencia de dos bandos irreconciliables nos ha traído grandes problemas, pero parece ser que aún no aprendimos la lección. Simplemente el fenómeno se ve amplificado por el mensaje de los medios quienes, pisoteando obcenamente la mínima objetividad correspondiente, desestiman las opiniones de los que están fuera de esta maniobra maniquea.
Y esto me trae a la memoria un concepto acuñado por Leo Strauss, un filósofo político de origen judío, nacido en Alemania en 1899 y refugiado en los Estados Unidos en 1938, para huir de la persecución nazi.
Strauss acuña la expresión reductio ad hitlerum para explicar una falacia del tipo "juntamente con esto, por lo tanto, a consecuencia de esto" (cum hoc ergo propter hoc), por la cual si "Hitler o el nazismo apoyaban X, X debe ser malo". En esta volteada cayó, por citar un ejemplo, Richard Wagner, quien, como se sabe, era el compositor favorito del Führer, a pesar de haber muerto mucho antes de que el partido nazi siquiera estuviera en pañales.
Cualquier similitud con la actualidad, es pura coincidencia... El prejuicio cognitivo no es en sí éticamente reprobable, porque forma parte de la manera en que percibimos la realidad y esa percepción es subjetiva. Lo que la ciencia nos enseña que es reprobable es la insistencia y la argucia en buscar argumentos, así sean falaces, que avalen ese prejuicio, aunque la realidad nos demuestre lo contrario.
La psicología ha profundizado acerca del prejuicio. Y miren qué interesante esta categoría: efecto bandwagon (efecto del carro ganador) Lo define como la tendencia de decir o hacer algo porque otras personas dicen o hacen eso. El espíritu de la manada.
El asunto es tener en claro que delante de toda manada hay un jefe que indica qué camino seguir. Y muchas veces ese camino conduce al precipicio, donde se estrellan aquellos valores, derechos y conquistas que pretendíamos defender.