
Odio los viajes y a los exploradores Y aquí me dispongo a relatar mis expediciones
"Tristes trópicos"
Claude Lèvi-Strauss
Ha muerto el antropólogo total, el mejor conocedor del género humano, aquel que reconocía tener tres amantes: la geología, el marxismo y el psicoanálisis. Total por su enorme cultura, su formación académica rigurosa, su ácido sentido del humor, su nivel de análisis y su aporte a otras ciencias. Fundador de la escuela de antropología estructuralista, basada en la lingüística de Saussure, dado que cultura es básicamente comunicación. Y ésta no sería una invención de la especie, sino que se producen por pautas genéticas que se encuentran en el cerebro humano, por lo que, lamentablemente, no tenemos remedio. Lévi era pesimista con respecto al destino del hombre: un ser que se encuentra solo, abocado a la guerra y a la destrucción del planeta por su rapacidad y para el que no hay esperanza ni siquiera en el humanismo.
Vivíó cien años para observarnos. Atravesó las dos Guerras Mundiales, la Revolución Rusa, la Guerra Fría, la llegada a la Luna, la caída del Muro. Vivió treinta de esos años mezclado entre aborígenes de distintas latitudes. Escribió mucho y con un estilo ameno y accesible: Tristes trópicos, Estructuras elementales del parentesco, El pensamiento salvaje, Mitológicas.
En esta obra, que consta de cuatro tomos, aparece un texto que revolucionaría la percepción de la realidad científica. Se trata de Lo crudo y lo cocido, donde relata que las tribus que no conocen la cocción de los alimentos no tiene palabra para referir cocido y crudo. Esto lo hace inferir que para alcanzar lo "real", es necesario poder hacer una abstracción de lo vivido o conocido.
Este concepto se aplicaría en otras ciencias tan alejadas como las matemáticas, el gobierno de lo abstracto. ¿Podría haber entonces más de una geometría? Bertrand Russell lo avaló, con su particular ironía: "Las matemáticas son la ciencia donde no se sabe ni de lo que se habla ni si lo que se dice es verdadero".
Ya que se trata de inferir y relacionar, vamos a recurrir a otra idea de Lèvi-Strauss para exponer algo que tenemos atascado en el estómago en estos días. Según el antropólogo francés, la mente humana organiza el conocimiento en polos binarios y antagónicos (bueno-malo, dentro-fuera, nosotros-ellos) que se organizan de acuerdo con la lógica. Tanto la ciencia como el mito, como explicaciones del mundo, estarían estructurados por pares de opuestos relacionados lógicamente y por tanto compartirían la misma estructura, solamente que aplicada a diferentes cosas.
Este maniqueísmo elemental se observa a diario en los medios de comunicación que forman la opinión pública. Así "ellos-que son distintos a nosotros-son malos", piedra basal de todo pensamiento fascista y totalitario.
Lo más triste del cuento es que quienes emiten este mensaje lo hacen por algún motivo o interés de sector, mientras que quienes lo repiten sin juicio crítico en la peluquería o en la oficina lo hacen porque lo vieron en la tele, alimentando al monstruo, solamente por propia estupidez o pereza de pensamiento.
Los profetas del odio, como bien los definió Jauretche, se alimentan de esa masa informe, inculta y pusilánime. Pensemos que "ellos-que son distintos a nosotros-son nuestros pares", porque en la diversidad y el respeto es donde el hombre deja de ser una bestia y se alza en sus dos patas.