Politikós etimológicamente define a lo relativo al ordenamiento de la ciudad, la polis (no confundir con The Police) Y era un termino corriente en la antigua Atenas, aunque el hombre comienza a organizarse socialmente ya en el neolítico, cuando el más sabio o el más fuerte era designado para orientar al grupo.
Ya Aristóteles decía que el hombre es un animal político, por más que en la actualidad sea una ciencia demediada por la práctica. La filosofía también se ha planteado como objeto de análisis el ejercicio del poder y distintas escuelas de pensamiento se han preguntado cuál es el mejor sistema de gobierno y cómo se logra el objetivo del bien común.
Así, para los griegos, la política giraba exclusivamente en torno a la ciudad, mientras que en el Medioevo los escolásticos teorizaban sobre la relación entre los hombres y el orden dado por Dios. A partir del Renacimiento, el antropocentrismo se instala en las ideas y aparece el primer teórico politico moderno: Nicolás Maquiavelo.
Maquiavelo es partidario de una república bien organizada, al estilo romano, que logre canalizar el conflicto inmanente entre gobernados y gobernantes. En su obra más conocida, El Principe, escrita para Lorenzo de Médicis, elabora una serie de principios sobre cómo debe comportarse un gobernante. Virtud y fortuna son dos de los requisitos para ser un buen príncipe. Ninguna decisión nacida del crimen, el maltrato o la corrupción son legítimas en el gobierno.
Contemporáneo de Maquiavelo, Tomás Moro publica en 1516 su Utopía, la descripción de una sociedad organizada racionalmente y con la premisa de la igualdad, dando un gran salto en el pensamiento político y económico de la época. En Utopía, el gobierno es una mezcla de democracia y aristocracia, en el sentido el gobierno de los mejores. El propio autor deja adivinar que se trata de un imposible y, de hecho, utopía se traduce como "lugar que no existe".
El contractualismo, que ya mencioné en otro comentario, da otra vuelta de tuerca a la teoría política. Thomas Hobbes y John Locke, por un lado, y Jean-Jacques Rousseau por el otro plantean las relaciones entre el Estado y los ciudadanos. Hobbes plantea el principio de autoridad, al cual los hombres se someten para garantizar el orden social. Locke, por el contrario, hace hincapié en los derechos naturales del hombre, por encima de la autoridad. Rousseau sostiene que es la sociedad quien corrompe al individuo, que naturalmente es bueno.
Otro filósofo y estadista va a venir para sentar las bases de las democracias modernas: Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu. En 1748, publica Del espíritu de las leyes en el cual establece la división de los poderes del Estado, teniendo en cuenta que la función primordial de la política es proteger al hombre de los otros hombres, sacrificando para ello parte de su libertad individual a favor del Estado.
La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, producto de la Revolución Francesa de 1789, establece que "la finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Tales derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión". Ya, entonces, la política tenía otros alcances que ocuparse solamente de los asuntos de la polis.
Ya en el siglo XIX, con la Revolución Industrial, los filósofos observan que las premisas de "libertad, igualdad, fraternidad" no son más que una expresión de deseos. Las relaciones entre los hombres son inequitativas e inestables, producto de lo que Karl Marx definiría como la lucha de clases. Para los pensadores socialistas, es la política y el Estado quien tiene que garantizar esta equidad, controlando los medios de producción.
Del lado del capitalismo, son los positivistas los que le dan marco teórico, proclamando que el orden es imprescindible para que el hombre y la sociedad progresen indefinidamente. En otras palabras, no triunfa el que no quiere, siempre y cuando cumpla con las reglas establecidas. El sueño americano es una idea positivista.
Max Weber, antipositivista y socialista-liberal, plantea una tesis en la que define al Estado como como una entidad que posee un monopolio en el uso legítimo de la fuerza, dándole un nuevo giro a la teoría política.
El siglo XX es el siglo de los movimientos de masas, inaugurado por la primera Revolución Rusa de 1905 y la segunda, en 1917. La experiencia socialista, exportada a distintos puntos del globo con diversos matices y que aplica la lucha armada como método para arribar al poder, las revueltas populares, como el 17 de octubre y el Mayo Francés de 1968, la división del mundo en dos bloques luego de la Segunda Guerra Mundial, la caída de la Cortina de Hierro en los 90, la aparición en escena de latente conflicto árabe-occidental y, sobre todo, la globalizacion son los tópicos que hoy analiza el politólogo.
¿Para qué sirve la filosofía política, me preguntarán? Recurro al historiador inglés Arnold Toynbee para esbozar una respuesta: "El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan". No hay forma de sustraerse, de ser "apolítico", porque vivimos en una sociedad reglamentada a partir de premisas políticas, que sólo pueden ser modificadas por acciones políticas.
Hoy por hoy, cuando también la política está vaciada de contenido, banalizada hasta el límite de que cualquier tarambana declara el fin de las ideologías o se discuten las cirugías plásticas como si fuera una cuestión de Estado, no estaría mal recuperar el interés por la cosa pública. Involucrarse es dotar a la política de significado.
Para terminar, cito al español Fernando Savater "Idiota: Del griego idiotés, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás." ¿Será una utopía pretender lo contrario?
lunes, 4 de mayo de 2009
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